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Salarios de pobreza: se están acabando las excusas

20-06-2013

“Un salario digno es un derecho humano,” dijo Ineke Zeldenrust, Coordinadora del Secretariado Internacional de la Campaña Ropa Limpia, “y el derecho de las trabajadoras(es) a un salario digno debe ser respetado. Punto.” La RSM habló con Zeldenrust sobre por qué es necesaria la organización más allá de las fronteras para ganar respeto por ese derecho.

La lucha global por un salario digno ha despertado gran atención desde el año pasado, al movilizarse trabajadoras(es) en todo el mundo para mejorar el salario mínimo en sus países, y por las campañas internacionales dirigidas a presionar a las marcas para que jueguen un papel más activo en mejorar los salarios en sus cadenas de proveedores.

El derecho al salario digno  también ha tenido reconocimiento internacional en el documento recientemente publicado, Principios rectores sobre las empresas y derechos humanos de las Naciones Unidas, llamado los “Principios de Ruggie”. Estos principios declaran que aunque los gobiernos tienen el deber final de proteger los derechos humanos, las empresas también tienen el deber de respetar los derechos humanos, aun cuando los estados hayan fracasado en hacerlo adecuadamente.

“El marco Ruggie establece claramente que el derecho a un salario digno está reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas,” dijo Zeldenrust. “El marco es muy claro en que todos los derechos humanos están incluidos en los derechos que las empresas están obligadas a respetar.”

Aunque un salario digno es un derecho humano reconocido, sigue estando evidentemente ausente de los programas de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) de la mayoría de las marcas globales de ropa. Y los empleadores locales ciertamente no pagan salarios que alcancen a cubrir las necesidades básicas y un ingreso discrecional de las trabajadoras(es). De hecho, los salarios en la industria de la confección global están muy por debajo de lo que se estima sería un salario digno.

BAJO Y CADA VEZ MÁS BAJO: Un estudio reciente, realizado por el Consorcio por los Derechos de los Trabajadores (WRC), sobre salarios reales en 15 países productores de confecciones en el mundo, encontró que entre 2001 y 2011 los salarios de las trabajadoras(es) en realidad bajaron en términos reales. El estudio determinó que “en promedio, los salarios prevalecientes por tiempo normal trabajado -antes de las deducciones de impuestos y excluyendo el pago de tiempo extra- en los sectores de confecciones para exportación de estos países, representaban apenas algo más que un tercio -36.8 por ciento- del ingreso necesario para tener un salario de vida.” En algunos países, como Vietnam y Bangladesh (dos de los países proveedores más grandes y de mayor crecimiento en el mundo) los salarios prevalecientes eran sólo el 22% y 14% respectivamente de lo que sería un salario digno. Aunque los salarios reales aumentaron en Vietnam, el WRC calcula que a este ritmo llevará alrededor de 37 años llegar al salario digno en ese país.

Excusas de las marcas

Parte del problema son los interminables debates sobre cómo determinar qué constituye un salario digno, según los estándares de vida locales y que permita a las fábricas dar pasos concretos para aumentar los salarios, buscando lograr niveles de salario digno.
En un esfuerzo por avanzar más allá de este debate infructuoso, sindicatos y ONGs asiáticas lanzaron la Campaña Asiática por el Salario Piso (AFWC por sus siglas en inglés) en 2009.

La AFWC desarrolló una fórmula para calcular un salario digno mínimo (Salario Piso Asiático SPA) para cada país con gran producción de confecciones en la región. Si se implementara el salario piso, las trabajadoras(es) en los distintos países de la región ganarían un salario básico suficiente para comprar los mismos niveles de bienes y servicios, lo que prevendría que las empresas manufactureras de cada país tuvieran una ventaja competitiva sobre otras por mantenerse un estándar de vida más bajo para sus trabajadoras(es).

En los últimos cuatro años, la Campaña ha cabildeado a las marcas de ropa y a los grandes proveedores para que se comprometan a cumplir con el estándar del salario piso en todas sus fábricas proveedoras en Asia y, lo más interesante, a negociar directamente con los sindicatos en los países productores junto con sus proveedores, sobre cómo alcanzar el  salario piso en su país.

Zeldenrust dijo que éste es un modelo de negociación diferente al tradicional, que se enfoca sólo en conversaciones entre sindicatos y sus empleadores directos.

“Si se negocia sólo con el empleador directo, se llega a un punto muerto,” dijo. “El dinero simplemente no existe para negociar de manera significativa. Los precios por prenda que las marcas pagan a sus proveedores deben establecerse a un nivel que le permita al empleador directo pagar salarios dignos por una semana de trabajo de 48 horas.”

Según Zeldenrust, es sólo cuando se negocia a través de las fronteras y hacia arriba en la cadena de proveedores que se puede avanzar hacia un salario digno. “Necesitamos construir ese poder negociador,” señaló.

Haciendo campaña por un salario digno

Trabajadoras(es) en muchos países asiáticos han estado utilizando una nueva fuerza para obtener aumentos en el salario mínimo local, y para poner el tema del salario digno en la agenda.

Los salarios mínimos aumentaron en Camboya, Malasia, Vietnam, Tailandia, Indonesia y China durante el año pasado, a medida que las trabajadoras(es) se sienten más seguras de presionar por su demanda de salarios que les alcancen para sus necesidades básicas.
Sin embargo los salarios de esta industria en Asia siguen estando muy por debajo de lo que se estima es un salario digno, y en muchos casos los aumentos salariales siguen estando por debajo de los aumentos a los costos de bienes básicos como alimentos y electricidad.

En Camboya, por ejemplo, protestas masivas forzaron a los empleadores a sentarse a la mesa de negociaciones para determinar niveles salariales para toda la industria. Sin embargo, una vez en la mesa,  los empleadores se resistieron a negociar un aumento significativo del salario mínimo y el gobierno tuvo que imponer un nuevo salario mínimo de US$ 80 mensuales, por encima de los US$ 61 anteriores, pero aún muy por debajo de las estimaciones realizadas por organismos independientes de un salario digno para el país.

Centroamérica

Una reciente investigación, realizada por grupos laborales centroamericanos y la RSM, muestra la enorme y cada vez mayor brecha que existe entre lo que ganan las trabajadoras(es) en el sector de la maquila y lo que se estima oficialmente es la canasta básica de bienes y servicios, necesaria para la sobrevivencia de las familias trabajadoras.

Aunque se están llevando a cabo negociaciones tripartitas (entre industria, sindicatos y gobierno) en El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala, para establecer salarios mínimos generales y salarios específicos para la maquila en Nicaragua y Honduras, estas negociaciones enfrentan la amenaza de la pérdidas en la inversión extranjera y órdenes de compras de las marcas. Los bajos precios por prenda pagados por las marcas a las fábricas proveedoras, contribuyen a la presión de mantener  salarios bajos.

Recientemente, federaciones sindicales en Nicaragua firmaron un acuerdo de tres años con aumentos escalonados al salario mínimo que, incluso después del tercer año, seguirá manteniendo los ingresos de las trabajadoras(es) siendo solo una fracción del salario digno. En Honduras los empleadores lanzaron la amenaza de cierres masivos de fábricas al final de la negociación del último acuerdo tripartito firmado en ese país, a fin de obligar a reducir las demandas salariales.

Acción significativa

En ese contexto de competencia en base a los salarios entre países productores de confecciones, se necesita poner presión a las marcas y tiendas minoristas, que son la punta de las cadenas globales de proveedores, para asegurar que las trabajadoras(es) reciban un salario digno, y que los esfuerzos nacionales para mejorar los salarios no sean amenazados con el traslado de la producción a otros países.

“Las marcas,” concluye Zeldenrust, “deben conocer cuáles son los niveles salariales actuales en sus fábricas proveedoras y cuál sería un salario digno según los estándares de vida locales. Vamos a medir a las marcas no por si tienen las cifras bien calculadas, sino por si están haciendo una propuesta significativa y muestran disposición a negociar de buena fe para lograr realmente aumentos salariales que conduzcan a que se paguen salarios dignos.”

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